La primera vez

Es la primera vez que escribo sobre feminismo. 

Y digo escribo, por que hablar, he hablado mucho, últimamente. Con mis compañerxs de profesión, con amigxs, con machirulos, con mujeres alienadas-que no machistas-con gente desconocida en la red…

Partamos de una base muy concreta: el feminismo está muy presente en mi trabajo- o al menos, eso intento- Pero esto, en ocasiones, no es suficiente.

Para explicar esto, voy a remontarme a la Yolanda de hace -al menos- cinco o seis años. Época dorada de los diecinueveventipocos. En esos momentos, yo era de las de “ni machismo ni feminismo, igualdad”. Escribo esto con la verguenza que trae el conocimiento, con la mirada tierna de la ingenuidad. 

No se que cambió a esa niña-bueno, si lo se. Un montón gigante de mierda en forma de patriarcado que me cayó encima como una losa, en forma de comentarios random en algunas de mis primeros autorretratos en los que aparecía desnuda, por ejemplo. O la aplastante sensación de que algo, en esos chistes estúpidos que mandan por los grupos de whatsapp, era un reflejo de la sociedad.  O los anuncios de colonias con mujeres hipersexualizadas– Pero en algún punto, algo hizo clic en mi. Seguramente, en alguna conversación con amigxs, en las que siempre terminaba callada, por que no podía- o no sabía- decirles que eran idiotas. Por mandarme a fregar, por decirme que el feminismo no hacía falta, que la violencia de género era una exageración,que el día de la mujer es una fiesta, que de que me quejo si salgo desnuda en Internet.

Estallé.

Tabú

“Tabú”, 2015

Recuerdo, como si fuera ayer, cuando pensé y realicé esta imagen.  En mi mente, no había cabida -aún- para los prejuicios. Supongo que será por que siempre he sido una persona muy consciente de su propio cuerpo, muy “libre”. Yo era la típica chica de la panda de amigas que hablaba sobre la masturbación, mientras todas se echaban las manos a la cabeza. Era, a la que venían a consultarme temas sexuales, aún siendo más virgen-que mal me sienta escribir esta palabra- que un cuaderno en blanco. Yo leía. Mucho, desde muy joven. Todo tipo de cosas. Siempre he sido una persona muy curiosa, y la curiosidad va de la mano con el aprendizaje.

Cuando subí esta imagen a las RRSS, no pensé en lo malo. No pensé que a nadie le fuera a horrorizar, ni que fuera a haber ningún tipo de revuelo. Pero tampoco pensé lo contrario, y -como suele pasar-nada salió como pensaba.

Me llovieron comentarios de apoyo- ¡gracias!- Pero también me censuraron algo por primera vez. Me llegaron algunos comentarios estúpidos, misóginos y de estraterrestres-casi-.

Pasemos de largo por los típicos “¿Tu novio te deja subir esto?”-no soy propiedad de nadie, gracias– o los tan mentados “¡Que guarrilla!”- de este mejor ni hablamos-.

Recuerdo el de un señor, que muy insistente me comentó en varias redes sociales algo un tanto bizarro-copio textual,aún sigue por ahí- : “Y si pongo una foto de unas nalgas manchadas con excremento tampoco tiene violencia visual? digo después de todo cagar también es una función natural, digo…”

Con la “violencia visual” topé. Con los tabúes del cuerpo femenino, y sus fluidos. Con la comparativa de excrementos con una función natural. Esto solo me hizo- además de decirle amablemente que él podía fotografiarse cubierto de lo que quisiera- entender que era necesario hablar de ello.

Y esto sólo fue el principio. A veces, te sientes tan cómodo en tu ignorancia, que no haces absolutamente nada para moverte, hasta que esa sensación de incomodidad hace que cambies. Que saltes, al vacío, sin redes.

Porque la realidad es que a las feministas nadie nos sujeta. Nadie nos prepara para los golpes- verbales-, los mansplainers en los posts de facebook, las noticias con titulares ácidos, las muertes, la realidad.

Las censuras

Empecé a “estudiar”. Con tener una pulsión no es suficiente, hay que formarse para saber tus porqués, o eso creo. Me llevó un tiempo muy largo tener una idea de cual era mi idea del feminismo, o cual era “mi feminismo” como me gusta decir. Seguramente, algunas personas estén totalmente en desacuerdo con decir que hay diferentes tipos de feminismo, que eso nos divida-y seguramente, no les falte razón-pero en el punto en el que estoy ahora no se definirlo de otra manera. Hablo de diferentes tipos, para meternos a todas en el mismo saco, pro-algo, en contra de algo. Pero juntas, luchando por un resultado final que es más grande que todo esto.

Dejando de dispersarme, retomo la frase que escribía hace un rato: ” El feminismo está presente en mi trabajo, pero no es suficiente”.

Hasta hace poco, pensaba que si lo era. Que mostraba con claridad mi mensaje. Pero no he tenido en cuenta en todo este tiempo la visión del espectador. Ya me han comentado varias personas que en mi obra aparecen siempre mujeres débiles, desnudas- sólo no corporalmente hablando, entiéndase- tristes. Que no empodero la figura de la mujer. Que parece que perpetuo el rol de la mujer tirada en el suelo, dolida.

Y esto me ha dado que pensar. Hay una parte de mi trabajo que sale de un lugar oscuro, que muchas veces ni yo misma controlo. Es la emoción, la tristeza, los vómitos representados en un teatro en el que yo soy la protagonista. Reflexiono sobre si esto viene de mi interior sólo, o es culpa, en cierto modo de algo externo que nos rodea y nos asfixia por vivir en la sociedad en la que vivimos. Pero de alguna manera, yo no muestro sólo mujeres tristes. Me muestro triste y desnuda, visceral, abierta en canal, a mi misma. Y he llegado a la conclusión de que es un acto de sinceridad conmigo misma. Cosa que no quita que, al sembrarse la semilla de duda en mi cerebro, trate de hacer activismo de manera consciente.

Y así nació “Utopías”

Utopías

Me encanta ser mordaz, tengo que reconocerlo. Hacer teatro de situaciones y contarlas, para que el espectador imagine escenarios y debata.

Os pongo en situación. Hace más o menos un mes, estaba con una amiga en un centro comercial cualquiera. Entramos a una tienda, y vimos esta camiseta. Nos volvimos locas de contentas, en un primer momento. Por fin se hablaba de esto, ¡por fin!.

Con la camiseta ya en nuestro poder- y después, otros días, por mi parte varias más- empezo a brotar un debate en nuestras cabecitas: ¿No sería esto malo, en cierta manera? ¿No desvirtuaría el movimiento feminista que millones de adolescentes- o no tan adolescentes- llevaran mensajes así, mientras el patriarcado les inculca a decir frases como “mi novio no me deja ir de fiesta”? ¿No sería todo marketing?.

Hablándolo con varias personas, llegamos a la misma conclusión:  Esto no pintaba bien.Y el artículo de Claudia Sánchez, “¿De quién son las manos que fabrican la camiseta feminista de Stradivarius?” terminó por hacernos meditar sobre algo que ya sabíamos.

Pues si, evidentemente. Lo era. Lo es. Lo sabemos.  Esto me genera perturbaciones a nivel interno porqué, por otra parte, también pienso que es un avance. Que, al igual que me gusta llevar una camiseta de Marea, me gusta llevar una que haga visible el feminismo. Que no se trata ya de una- o varias- camisetas. Si no de que quien la lleve, sea activista y no posser.

“Utopías” es ahora mordaz ya no solo por lo que pensaba al principio. Este es un ejemplo de el poder de evolución que tiene la fotografía para mi, ese misterio que la hace estar viva. El slogan  “Everybody should be feminist” ya era -desgraciadamente- una utopía desde que se creó. O se pensó. Ojalá me equivoque-tiendo al pesimismo- pero no vamos a ser todos feministas. No lo verán mis ojos. Espero que al menos lo vean los de nuestros hijxs. Ahora también es irónica: el feminismo ha llegado a ser tema de marketing. Ahora, también se puede comerciar con él.

Y no se, que queréis que os diga. Yo ya estoy de vuelta de todo.

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