Consumismo

La semana pasada, en Teleidoscope el tema era “Falta algo”.

En mi super libreta de bocetos e ideas tengo una lista con todos los temas, para mirarlos cuando me viene la inspiración. Pues bien, hace tiempo escribí al lado de ese tema la palabra “cerebro”.En mi imaginación fotográfica, había dos ideas. Las dos giraban entorno al consumismo, representado por un sujeto X que englobara a toda la sociedad, anónima, sin rostro, que ofrece su cerebro metafóricamente a cambio de algo que seguramente no le aporta nada. O por lo menos algo, que no le es necesario.

Encontré un sofá, abandonado enfrente de mi casa. Siempre digo que los artistas, fotógrafos o creativos en general, vemos tesoros en cosas en las que la gente ve basura. Entre varios, lo metimos como malamente pudimos a la furgoneta, y al día siguiente buscamos localización. Necesitaba una pared de ladrillos, sin graffitis, y sin coches aparcados cerca, cosa bastante complicada en Madrid. Al final, golpe de suerte incluido, la encontramos en una urbanización, en la que uno de los muros daba a la autovía, y tenía bastante trecho para disparar con mi nuevo amor: el 50mm 1.8.

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Y allí estábamos, esperando a que la luz fuera la ideal. Vigilados por sendas cámaras, con un sofá desvencijado. Y hacía un frio inmenso. Manché las manos de mi chico de pintura acrílica roja, y un amigo me iluminó desde abajo con un mini foco LED. Quería simular la luz que sentimos cuando estamos a oscuras sentados en frente de la caja tonta.

Pero esta foto habla también del consumismo en general. Y no solo en temas comerciales, si no del el “consumismo del alma”. Nos volvemos locos por comprar éxito, como si eso se pudiera comprar y no llegara solo, si es que llega. Consumimos redes sociales como si fuéramos seres hambrientos de aprobación, vemos programas en los que no hacen más que cotillear y ridiculizar al ser humano, y luego nos quejamos cuando eso nos pasa en nuestro grupito de amigos. Nos entretienen programas en los que el amor se encuentra a base de maquillaje, silicona y músculos, y nos indignamos cuando se nos tachan de superficiales. Nos quejamos, que si no hay trabajo, que si no hay dinero, mientras tenemos en nuestras manos el nuevo y flamante Iphone 6.

Somos una sociedad de borregos.

Hablo en plural, como recurso, dicho sea paso.

Consumismo

Esta fotografía, en concreto, me planteó un dilema importante; Yo quería un cerebro. Le pedí a mi chico, que me lo consiguiera en su trabajo, pero después de una noche de perros y dolores de cabeza le dije que no, que compraría uno de plástico, que me sentía terriblemente culpable. Me pregunté ¿te sentirías igual de cómoda si supieras que ese cerebro que sujetas, es el de un perro?. No quiero hacer apología de nada, ni mucho menos, pero realmente hay que hablar de ello. No puedes defender los derechos de “algunos” animales, alegando que no son iguales. Cómo si fueran menos “simpáticos” que otros. Comentando este tema con varías personas, me decían que daba igual, que lo que primaba era que la fotografía quedara realista.

Pues bien, no. Lo que prima es que yo me sienta a gusto con lo que hago, y así, lo único que iba a conseguir era sentirme tremendamente mal.

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En los próximos posts os enseñaré las impresiones de Saal Digital, y si hay suerte, el resultado del carrete de 110 que he conseguido para mi Agfamatic 2000, rescatada del baúl de los recuerdos.

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